Con más de veinte años de trayectoria en la Guardia Civil, hoy al frente del Departamento de Delitos contra las Personas y el Patrimonio de la UCO, Juan Jesús Ruiz Reina representa una carrera dedicada al servicio público, la justicia y la dignidad humana. Padre de dos niños del Colegio Antamira, su testimonio nos recuerda que el respeto no se impone, se inspira, y que educarlo desde la infancia es la base de una sociedad más empática, segura y libre.

Juan Jesús, tu trayectoria está vinculada a la defensa de los derechos humanos y la protección de las personas. Desde esa experiencia, ¿cómo defines el respeto? ¿Qué significa para ti este valor y en qué lugar lo posicionarías?

Creo que el respeto es el valor sobre el que debe estar asentada toda sociedad, pues solo desde él se pueden construir bases sólidas que permitan convivir en paz y armonía, más allá de la diferencia de opiniones y creencias individuales.

Intrínsecamente, el respeto implica la defensa de la dignidad, la valía y los derechos fundamentales de todas las personas. Por esta razón, pero también por los más de veinte años que llevo trabajando al servicio de España y por ende del ciudadano, lo sitúo en la cúspide de la pirámide de los valores sociales.

En un entorno como el tuyo, donde a menudo se trabaja frente al sufrimiento, la injusticia o la violencia, ¿qué papel juega el respeto hacia las víctimas, hacia el propio equipo y hacia uno mismo?

Indudablemente, las víctimas son lo más importante. El respeto hacia ellas, no es una cuestión novedosa ni anecdótica para la Guardia Civil.

De igual forma, el respeto a tu equipo resulta fundamental e imprescindible para el buen funcionamiento. Durante todos estos años de profesional dentro de la Guardia Civil, pero quizás con un mayor protagonismo por haberlos desarrollado todos ellos en Unidades de investigación de máxima relevancia, una de mis máximas siempre ha sido el trabajo

en equipo, definida en la frase de Ray Kroc: “ninguno de nosotros es tan bueno como todos juntos”. Y es que el respeto a tu equipo empieza por ahí, por hacerles saber cuánto de necesario son todos y cada uno de ellos, y termina por ejercer un liderazgo auténtico, donde siempre debes mantener la lealtad hacia ellos, hacia tus superiores y hacia los ciudadanos, como eje principal e inamovible de tu conducta diaria. Sin duda, un ejercicio de liderazgo auténtico es la mejor forma de mostrar respeto en todas las direcciones.

Y por último debemos destacar también con la misma importancia el respeto a uno mismo. Nuevamente me vas a permitir que recurra a la cartilla de la Guardia Civil para argumentarlo, y es que en su artículo primero establece que “el honor ha de ser la principal divisa del Guardia Civil; debe por consiguiente conservarlo sin mancha. Una vez perdido no se recobra jamás”. El honor implica auto-respeto, que no existe ni existirá nunca si no eres consciente de los límites, obligaciones y principios que deben regir tu conducta, pero también e igual de importante, si no conoces los derechos que te asisten.

El respeto también se demuestra en cómo se ejerce el liderazgo

Has sido responsable de investigaciones de enorme complejidad y repercusión social. ¿Cómo se equilibra la firmeza que requiere tu trabajo con la humanidad y el respeto que merecen las personas implicadas?

El equilibrio se logra teniendo siempre claro que nuestra actuación y nuestra conducta siempre estará regida por el imperio de la Ley, tanto en su firmeza de cara a determinar la autoría del criminal, como también en el respeto a los derechos que asisten a todas las personas implicadas, incluida al supuesto autor del crimen. Si no fuera así, si el más estricto cumplimiento de la legalidad no rigiera nuestra actuación, no podríamos hablar de un estado de derecho.

Dadas las situaciones dantescas que vivimos en este tipo de investigaciones, la razón debe imperar sobre el corazón, pues de lo contrario no conseguiríamos actuar conforme a nuestro ordenamiento jurídico. Ese aspecto humano y los sentimientos, derivados sobre todo del sufrimiento que vemos en las víctimas y sus familias, suele aflorar en casa, donde la familia y amigos juegan un papel de apoyo muy importante para nosotros.

¿Qué importancia tiene el respeto en el liderazgo? ¿Cómo se ejerce la autoridad desde el reconocimiento del otro y no desde el miedo o la imposición?

Pues como comentábamos, el respeto en el ejercicio de liderazgo lo es todo, pues de lo contrario, nunca conseguirás un equipo fuerte, comprometido y productivo. Este respeto implica:

  • Reconocimiento: tener claro que cada miembro tiene su rol y que todos son importantes;
    • Ejemplo: conlleva el cumplimiento de las normas que rigen nuestra convivencia y nuestra actuación, mostrando así una conducta intachable;
    • Comprensión: implica saber y conocer perfectamente a todos y cada uno de los miembros del equipo, sus inquietudes, sus preocupaciones personales y laborales, tratando de conseguir que la fortaleza del equipo sostenga a todos sus miembros cuando flaquean por alguna razón.

Un liderazgo basado en la escucha activa y en la comprensión es un liderazgo ejercido con respeto. Solo así se conseguirá una confianza, lealtad e identificación de cada uno de sus miembros con el equipo y su organización, lo que mejorará el rendimiento pero que también fomentará el talento. Si se trabaja desde la imposición, nunca se

conseguirá ser un equipo, sino un conjunto de miembros que trabajan de forma automatizada por temor a la represalia sin asumir como propios los objetivos del equipo.

Educar en el respeto es enseñar a escuchar, a esperar y a comprender

Como padre, ¿cómo procuras transmitir el valor del respeto a tus hijos en el día a día? ¿Qué ejemplos crees que marcan más que las palabras?

Sinceramente me resulta mucho más complicado hablar como padre que como profesional de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pues nadie nos prepara para ello. Educar a nuestros hijos me parece sin duda la misión más importante y difícil que tenemos en nuestras vidas, pues nuestras enseñanzas unidas a las impartidas en el colegio, sientan una base fundamental en su comportamiento futuro. No obstante, me atreveré, con el máximo respeto a todos, a darte una respuesta.

En primer lugar, procuramos (permíteme que hable en plural haciendo referencia a mi esposa) transmitirles este valor, con una máxima que me enseñaron mis padres: el respeto a los mayores. Ellos, sin duda alguna, son los que más lo merecen pues llevan muchos años trabajando por nosotros.

Por otro, respetando la autoridad más cercana, ya sea la escolar, encarnada en la figura de los profesores, como la familiar, ejercida en este caso por los padres. Esto en definitiva es el respeto a las normas de convivencia que deben regir nuestra sociedad, todo ello bajo un convencimiento total de que la educación, ejercida por familia y el colegio, y siempre (en mi opinión) en este orden, son los mejores cimientos sobre los que se asienta el futuro de nuestros hijos. Los mayores problemas de esta sociedad y mucha de la criminalidad que veo a diario, no existiría con una mejor educación asentada en el respeto.

De igual forma, y con la misma importancia que las anteriores, tratamos de transmitirles el respeto a todos y cada uno de sus compañeros; que entiendan que todos tenemos los mismos derechos, que todos merecemos ser tratados con el mismo respeto y que nadie debe ser discriminado por motivo alguno. Intentamos destacarles la importancia que tiene la empatía, que sean capaces de identificarse con los demás y compartir sus sentimientos, pues en nuestra opinión es un ingrediente fundamental del respeto. Y en esta cuestión, sí debo decir que no solo tratamos de educarles en que mantengan ese respeto hacia los demás, sino que también, lo defiendan con firmeza si detectan algún acto intolerante hacia alguien, no dejando que jamás nadie sea humillado o discriminado.

Respecto a los ejemplos, buscamos que vean en nosotros, un patrón continuo de respeto hacia los demás, hacia nosotros mismos y hacia los valores sociales. Mi profesión implica un respeto que llamo «360º» (hacia la Ley, el equipo, la sociedad, la cadena de mando, etc), que es el mejor ejemplo que puedo darles, pero todo esto conjugado, y sin olvidarme, con tener humildad suficiente para ser capaz de reconocer delante de ellos mis errores, ser poco orgulloso y saber pedir disculpas.

El respeto es también la base de la convivencia escolar. ¿Qué papel crees que tienen los colegios en la educación de este valor y cómo puede trabajarse de manera práctica dentro del aula y en el patio?

Soy un firme defensor de que la educación empieza en la familia y que debe ser completada o reforzada en los colegios, pero no al revés.

Dicho esto, y evidentemente influido bajo mi punto de vista como Guardia Civil, creo que debería fomentarse en alguna etapa escolar la educación sobre ciertas conductas delictivas que atentan directa y permanentemente contra los derechos humanos más básicos y fundamentales. Hablo por ejemplo de enseñar qué es el delito de Trata de Seres Humanos, en todas sus modalidades, pero especialmente en la que tiene fines sexuales, mostrando la degradación humana a la que una víctima de Trata de Seres Humanos es sometida. Me refiero también en educar sobre qué es y por qué se produce el delito de odio, que sin duda tiene su base en la falta de respeto a los colectivos más vulnerables. También, en mostrar y hablar sobre la lacra que vivimos en nuestro país con los asesinatos y resto de casos vinculados a la Violencia de Género, o el sufrimiento que tiene una familia cuando su hijo termina siendo adicto a algún tipo de sustancia estupefaciente. En definitiva, creo que, en alguna etapa educativa y valorando la edad adecuada, sería interesante enseñarles a los alumnos las consecuencias tan nefastas y graves que tiene el delito.

A menudo se confunde respeto con obediencia. ¿Cuál es, para ti, la diferencia entre ambas y cómo debería enseñarse esa distinción desde pequeños?

Creo que son conceptos muy distintos.

Desde el punto de vista del liderazgo, el líder debe buscar siempre el respeto, sabiendo que así el cumplimiento de tareas, será una consecuencia de ese respeto y derivada del convencimiento propio de quien la ejecuta.

Ya desde un plano más personal, lo que no debe confundirse jamás es el respeto con la obediencia ciega. De igual forma que educamos a nuestros hijos en el respeto hacia los demás, también debemos enseñarles a saber decir que no a aquellas conductas que sean contrarias a la ética, a la moral o a su propio pensamiento y convencimiento, sin importar quién se lo pida. Enseñarles a cuidarse, a ser reflexivos, a poner líneas rojas, a saber decir que “no”, es también educar en el respeto hacia uno mismo.

En un mundo donde las redes sociales amplifican los juicios y la intolerancia, ¿cómo podemos enseñar a los niños y adolescentes a respetar la diversidad y las opiniones distintas a las suyas?

Siendo yo un niño y estando en el colegio, un profesor nos contó que cuando Alfred Nobel inventó la dinamita, lo hizo con un fin industrial (minería y construcción), tratando de crear un explosivo más estable y potente que los que había hasta el momento y que habían causado varios accidentes graves. Sin embargo, nos argumentaba el profesor, que con posterioridad el propio ser humano la fue utilizando con fines destructivos y bélicos. El maestro nos insistía en que es el propio hombre el que en muchas ocasiones hace un mal y negligente uso de los inventos, pero que, tratados con el fin original y de forma adecuada, suponían un gran avance.

Creo que esta historia, es extrapolable a las redes sociales. Debemos convivir con ellas, aprovechando lo positivo que aportan, que no es poco, pero a la vez educando sobre el tipo de «arma» en que pueden convertirse si se usan de forma intolerante escudándose además en el anonimato que ofrecen.

Por ello, estoy convencido de que debemos afrontarlo con ellos de forma directa; al igual que desde pequeños les corregimos la conducta cuando le faltan el respeto a alguien presencialmente, también desde etapas muy tempranas debemos inculcarles la conducta tolerante en las redes. Y creo firmemente que esto debemos hacerlo rehuyendo de eufemismos, enseñándoles claramente cuáles pueden llegar a ser las consecuencias de ese tipo de acciones intolerantes. Hay que hacerles ver que estas conductas, pueden suponer un delito de acoso o de odio; delitos que, ya sea se comentan de forma presencial o a través de redes, resultan crueles e inhumanos tanto para quien lo sufre como para su familia y que pueden incluso derivar en el suicidio de la víctima.

De la misma forma, creo que también es educar en el respeto a la diversidad, no siendo ajeno a la injusticia, enseñándoles que denunciar este tipo de hechos demuestra una valentía admirable, en contraste con la cobardía de quienes se parapetan en las redes para herir a los demás.

El respeto no se impone, se inspira

Has recibido premios académicos y profesionales, y has formado a nuevas generaciones en valores éticos dentro del ámbito policial. ¿Qué has aprendido sobre el respeto en el ejercicio del mando y en la toma de decisiones difíciles?

Durante estos años que he ido ascendiendo desde el empleo de Teniente hasta el actual, el paso del tiempo te transmite una experiencia que es imposible poseer en los inicios, pero a la vez, ese tiempo transcurrido no puede anular nunca la ilusión que tenías el primer día. Esa experiencia, es la que te permite ser reflexivo en la toma de decisiones, no permitiendo que la impulsividad propia de la juventud sea la que erija tu comportamiento. Y esa reflexión, debe ser compartida siempre con todos los miembros del equipo, tomando la decisión una vez escuchadas y valoradas absolutamente todas las opiniones, ya vengan del agente más experimentado o del de reciente incorporación.

He tenido muchas tomas de decisiones de máxima importancia para el desarrollo de las investigaciones y por ende para el equipo investigador, y para el resto de la sociedad. Pero pondré un ejemplo, omitiendo detalles por respeto a la familia de la víctima, que resume la idea que trato de transmitir respecto al ejercicio del mando y la toma de decisiones. Se trataba de una investigación de máxima repercusión social, muy intensa, con un ritmo frenético de trabajo, con pocas (menos de cinco) horas de descanso al día y en la que éramos conscientes que un solo error podría acabar con el desarrollo de la investigación. Llegó un momento en el que lo habíamos intentado todo para la consecución del objetivo, y nada resultaba. Habían trascurrido muchos días, la responsabilidad social pesaba y el cansancio hacía mella. Decidimos realizar nuevamente una reunión con todo el equipo, no podía faltar nadie. Tras una puesta en común, y unas palabras de aliento para todos, nos auto-exigimos un último esfuerzo en nuestra capacidad investigativa que nos permitiera resolver el crimen que se había cometido. Fueron varias las ideas que se expusieron, todas ellas debatidas y descartadas. En un momento, un agente, hizo una propuesta nueva. Se discutió entre todos, y se concluyó que no tenía aristas, si bien no aseguraba el éxito. Eso sí, conllevaba al día siguiente un todavía mayor esfuerzo de trabajo, ahondando en el agotamiento que ya se sufría. La decisión final era mía; sabía y admitía que de ser incorrecta podría ser nuestra última oportunidad, asumiendo que de ser así no conseguiríamos el objetivo y que yo era el máximo responsable. Sin embargo, también percibí en todo momento que esa decisión era de todo el equipo, que todos lo apoyaban, que la hacían suya hasta las últimas consecuencias y que se dejarían hasta el último aliento para conseguirlo. Finalmente, la investigación se resolvió.

Creo que este ejemplo resume cómo ejercer el mando y la toma de decisiones difíciles, con un respeto máximo hacia el equipo y bajo la premisa de que “la responsabilidad nunca se delega”.

A nivel personal, ¿hay alguna lección o experiencia que te haya marcado especialmente y te haya hecho comprender el valor profundo del respeto?

Cualquiera de las víctimas y sus familias (víctimas indirectas) de los delitos que investigamos son las que más me han marcado en mi carrera profesional. Y no solo porque es hacia ellas hacia quienes más respeto debemos tener como sociedad, sino también porque desde siempre he tenido muy claro que, pese a su sufrimiento, a su desamparo, a su dolor, a su rabia, nunca he visto que se tomaran la justicia por su mano, siempre han mantenido un respeto absoluto a las normas de convivencia más básicas. Son ellas, las víctimas, las que merecen siempre nuestro amparo, comprensión, reconocimiento y que nunca caigan en el olvido. Un claro ejemplo de ello lo tenemos en las víctimas de terrorismo, lacra que de forma muy asfixiante hemos sufrido en nuestro país de mano de ETA, y en el que las familias, nunca llevaron a cabo actividad vengativa alguna, pidiendo únicamente justicia y respeto hacia los asesinados.

Si pudieras dejar un mensaje a los alumnos de los colegios Educare sobre este valor, ¿cuál sería?

Que jueguen, que canten, que bailen, que rían, que lloren, que hagan todo lo que tienen que hacer para vivir siendo felices, pero siempre respetando los derechos de los demás, porque los suyos terminan donde comienzan los de los otros. También, que se cuiden, que se valoren, que se mimen, que se admitan como son, pues para ser feliz es muy necesario respetarse a uno mismo. Que se equivoquen, pero que sepan asumir los errores y pedir perdón. Y por último que cuando presencien una injusticia, una intolerancia, una falta de respeto, que alcen la voz, que lo denuncien y se enfrenten a ella: se darán cuenta que no hay nada mejor que ayudar al prójimo.

Esa vocación de ayuda a España, a su sociedad, es la que me hizo ser Guardia Civil y más concretamente dedicarme a la investigación de los delitos que atentan de forma violenta contra los derechos más básicos y fundamentales de las personas. Mil veces naciera, mil veces volvería a hacerlo.